La máquina del tiempo de las políticas públicas 

Emil Salim

Coordinador del área de capacitación de CLEAR LAC

Publicado en Animal Político el 15 de enero de 2020

Volver al futuro (1985), cinta de Robert Zemeckis, narra la historia de Marty McFly, un joven inadaptado que viaja al pasado de manera imprevista, altera la historia romántica de sus padres y termina poniendo en riesgo su propia existencia. La película escenifica una pregunta que todos nos hemos planteado movidos por el arrepentimiento o por simple curiosidad: ¿qué habría pasado si hubiera realizado u omitido alguna acción? ¿Hubiera modificado los eventos siguientes?

Las acciones de gobierno no son la excepción. Tanto ciudadanos como funcionarios públicos muchas veces imaginamos qué habría sucedido si, por ejemplo, no hubiéramos instrumentado la Policía Federal en 2009. Sin duda, la mejor manera de responder la pregunta sería realizando un viaje en el tiempo a 2009 para impedir la creación del cuerpo policial y después volver al 2020 para conocer sus efectos. Es decir, necesitamos conocer el 2020 con la Policía Federal y el 2020 sin ella para estar en condiciones de emitir un juicio preciso. A pesar de que esta opción sigue siendo inviable, las políticas públicas cuentan con una herramienta que permite simular los viajes en el tiempo: la evaluación de impacto.

Volver al futuro es un ejemplo muy claro para entender la lógica de la evaluación de impacto. En la película, Marty es amigo del excéntrico Dr. Emmet Brown, apodado “Doc”, el creador del DeLorean DMC-12, un vehículo especial que puede viajar en el tiempo. Marty viaja accidentalmente a 1955, la época en la que sus padres eran estudiantes de preparatoria poco antes de que se conocieran y enamoraran. Las cosas se complican cuando Lorraine, la madre de Marty, conoce a su hijo en 1955 sin saber de su verdadera identidad y se enamora de él en lugar de George, el padre de Marty. Esta situación pone en peligro la procreación de Marty y sus hermanos, como deja en claro el paulatino desvanecimiento de sus figuras en una fotografía de 1985. Es decir, Marty cuenta con un mecanismo de comparación del 1985 que conoce, con uno contrafactual en el que sus padres nunca se enamoraron.

Incapaz de echar a andar el DeLorean para “volver al futuro”, Marty no tiene más opción que buscar a Doc en 1955 para pedir su ayuda. Doc explica a Marty que debe encontrar la manera de que sus padres se enamoren para salvar su existencia. Marty recuerda que fue en el “Baile del encanto bajo el océano” de 1955 donde sus padres se besaron por primera vez y decidieron construir un futuro juntos. En ese momento Marty obtiene una hipótesis causal: si sus padres se besan en el baile formarán una familia y lo tendrán a él ya sus hermanos.

Así como Marty contaba con un escenario contrafactual y una hipótesis causal, la realización de evaluaciones de impacto necesita de ambas. Las políticas públicas son, ante todo, hipótesis de cambio social, propuestas de solución de problemas públicos que deben someterse a evaluaciones para conocer su idoneidad, resultados y efectos. Sin embargo, la única evaluación que pone la hipótesis causal a prueba es la de impacto, donde se construye un escenario contrafactual. Esto se puede realizar de manera experimental, con un grupo de tratamiento y uno de control, o de forma cuasiexperimental, utilizando métodos econométricos para elaborar un posible contrafactual.

Una evaluación de impacto es diferente al seguimiento de resultados. A Marty no le hubiera bastado saber cuándo se casaron sus padres y su fecha de nacimiento para explicar su existencia; necesitaba entender cuál era el momento en que se enamoraron y decidieron construir una vida juntos. Así, por ejemplo, a una política no le es suficiente con realizar el conteo del cambio en las tallas y los años de escolaridad de los niños cuyas familias estuvieron inscritas al programa Oportunidades para determinar si tuvo algún impacto. La pregunta por responder no es de resultados, sino de atribución: ¿cuáles serían hoy en día las tallas y los años de escolaridad de esos niños si sus familias no se hubieran inscrito al programa? De esta manera es posible conocer cuál fue el impacto del programa sobre los niños.

Es indispensable que las políticas públicas sean evaluadas y que conozcamos qué efectos les podemos atribuir. El seguimiento de resultados es indispensable para realizar una gestión informada, pero los cambios observados pueden ser producto de acciones ajenas al programa. De ahí la relevancia de poner a prueba la propuesta causal de las políticas con evaluaciones de impacto. A menos que viajemos en el tiempo en un DeLorean, la única opción confiable que tenemos hasta ahora para ver los efectos de una política pública es volver al futuro con una evaluación de impacto.

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Sociedad Española de Evaluación de Políticas Públicas

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