De una pandemia a una infodemia

Karla Pinel  y María Fernanda López

Investigadoras de CLEAR LAC

Publicado en Animal Político el 17 de abril de 2020

Hoy en día nos enfrentamos a una crisis sanitaria derivada de la propagación masiva del COVID-19 alrededor del mundo. Además del deterioro en la salud (a mediados de abril de 2020 casi dos millones de personas contagiadas y aproximadamente 120,000 muertes confirmadas), esta pandemia ha llevado a un aumento en la demanda de productos y servicios médicos que ha puesto en crisis a los sistemas de salud debido a una limitada capacidad de adaptarse rápidamente, a una contracción económica sin precedentes, y a una fuerte depreciación del peso mexicano, situaciones que afectan desproporcionalmente a los sectores más vulnerables.

Ante esta crítica realidad, diferentes actores (entre ellos Tedros Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud) han defendido la importancia de recurrir a la ciencia y la evidencia para guiar las decisiones de política pública. Sin embargo, surge la interrogante de si esto es suficiente dado el actual contexto de incertidumbre y crisis sanitaria. Si no hay una estrategia gubernamental de comunicación coherente, consistente, y que cuente con los canales adecuados para llegar a toda la ciudadanía, ¿podremos hacerle frente a esta crisis como sociedad y mitigar sus consecuencias en otros ámbitos?

Comunicar las políticas públicas a la ciudadanía es una labor compleja, aún más en contextos de emergencia de salud pública en la que la información es cambiante y tiene que actualizarse periódicamente. Además de informar a la población sobre los riesgos sanitarios a los que se enfrentan y qué medidas pueden adoptar para protegerse, la comunicación de las recomendaciones derivadas de la evidencia debe tomar varios puntos en consideración.

Primeramente, el mensaje debe ser accesible, entendible y confiable para que logre concientizar sobre la cercanía del problema sin exagerar los riesgos ni crear miedos infundados en la población. Es sumamente relevante encontrar este balance entre generar conciencia y confianza para que las personas adopten las medidas adecuadas y reducir comportamientos como por ejemplo compras de pánico (que pueden llevar a un desabastecimiento medicamentos y artículos de primera necesidad) y abrumar los sistemas de salud.

Segundo, la difusión tiene que darse mediante múltiples canales, plataformas o medios que sean verificables y cercanos para diferentes audiencias. El Grupo de Economía del Comportamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por ejemplo, señala que es crucial contar con mensajes dirigidos a los diferentes segmentos de la sociedad para lograr que diferentes personas tomen medidas que las protejan y también protejan a quienes las rodean. En cuanto a medios de comunicación, estudios y estadísticas revelan que la radio y la televisión son muy efectivos en involucrar a personas mayores, mientras que el acceso y conexión a redes sociales permiten llegar a sectores más jóvenes.

Por último, las acciones de nuestros gobernantes (en todos los niveles de gobierno) deben de estar alineadas con estos mensajes para no enviar señales contradictorias a la ciudadanía y evitar la propagación de información falsa o sacada de contexto. Estos y más elementos son necesarios para que la comunicación pública-gubernamental de políticas públicas y acciones concretas del gobierno tengan una influencia en el comportamiento de las personas en el momento oportuno.

Verificación contra la desinformación

En este sentido, los medios de comunicación deben contribuir a la difusión de fuentes de información verificadas y una cobertura certera de la situación que dé prioridad a la evidencia como centro del debate y no a una agenda política. La desinformación es un reto al que se enfrentan no solo México, sino todos los países; el miedo y la incertidumbre ante un virus que ha puesto al mundo en una situación de emergencia es un hecho. Tedros Ghebreyesus ya ha declarado la sobre abundancia de información como una “infodemia”.

La inmediatez de la información, internet y el alza en el uso de redes sociales mantiene a la sociedad conectada en un momento de aislamiento pero, como menciona el Índice Global de Desinformación, también puede llevar a un abuso de estos espacios para generar divisiones, miedo y desconfianza que conlleven a que la falsa información circule sin una fórmula comprobada para erradicarla. Frente a este panorama es importante hablar de la necesidad de la alfabetización mediática, de incentivar a la sociedad a ejercer un juicio informado corroborando las fuentes a las que tiene acceso para que la evidencia que existe sobre la pandemia prevalezca por sobre la desinformación.

En el contexto mexicano, el gobierno ha mantenido el diálogo abierto y una constante comunicación del acontecer en esta emergencia sanitaria. Existen los recursos para mantenerse informado por medio de diferentes canales, destacando por ejemplo la conferencia de prensa que el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell y el equipo técnico, ofrecen todas las noches en Palacio Nacional, pero ¿qué sucede cuando la gente no confía plenamente en la información que comunica el gobierno y los medios no contribuyen al entendimiento de la evidencia científica?

Para la Dra. Grisel Salazar Rebolledo, profesora asociada de la Maestría en Periodismo sobre Políticas Públicas del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) a quien entrevistamos para el propósito de esta columna, destaca que existe un alto grado de complejidad entre lo que un gobierno hace, lo que comunica y lo que percibe la sociedad en este momento de crisis. Por ello, encontrar contradicciones entre las acciones del presidente, Andrés Manuel López Obrador, y lo que dicen los expertos del equipo técnico puede restar legitimidad al mensaje y generar desconfianza. Aunado a este panorama, los medios se encuentran ante la oportunidad de mejorar el periodismo científico y realizar coberturas que traduzcan exitosamente información compleja a diferentes audiencias, enriqueciendo un debate que vaya más allá de las declaraciones de funcionarios públicos.

Sin una estrategia de comunicación de riesgos que genere conciencia y confianza, un alza en la calidad del periodismo científico y un recordatorio constante de la importancia de verificar la información que recibimos, seguiremos siendo testigos de las consecuencias de la desinformación y una falta de entendimiento del riesgo inminente de no acatar las recomendaciones oficiales. La comprensión y la percepción de la seriedad de un problema es corresponsabilidad tanto del gobierno, los medios de comunicación como de una sociedad informada para que se lleven a cabo acciones efectivas que combatan esta crisis de salud pública.

 

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