Protagonistas de la Evaluación

Entrevista a...

 

Luis Campos

Director del Observatorio de la Realidad Social de Navarra 

Licenciado en sociología y con una dilatada trayectoria en innovación social, evaluación de políticas públicas y participación ciudadana, Luis Campos Iturralde fue nombrado en agosto de 2019 Director General del Observatorio de la Realidad Social, de Planificación y de Evaluación de las Políticas Sociales, organismo del Gobierno de Navarra que tiene atribuidas, entre otras, funciones de evaluación y seguimiento de servicios y políticas sociales, empleo y vivienda.

 

Precisamente Navarra aprobó en el año 2005 la primera (y todavía única en España) Ley de Evaluación de las Políticas Públicas, si bien no era exclusiva de evaluación, en tanto como la AEVAL también incorporaba “…y de la calidad de los servicios”; además no planteaba la evaluación como algo obligatorio. En todo caso Navarra se convirtió en aquel momento en una clara referencia en la materia, conformando un incipiente sistema de evaluación. Tras este prometedor inicio, al que por desgracia siguió un periodo en el que decayó su uso, desde hace unos meses parece que Navarra vuelve a priorizar la evaluación de sus políticas. Luis, ¿cuáles son a tu juicio los retos a los que la Comunidad Foral se enfrenta hoy día en materia de evaluación y qué objetivos se marca el Observatorio en este sentido?

El Objetivo que se ha marcado el Observatorio de la Realidad Social en esta legislatura en materia de evaluación es su institucionalización dentro del trabajo diario del Departamento de Derechos Sociales. Durante los próximos cuatro años tenemos que ser capaces de evaluar todos los programas y planes estratégicos de los que nos dotamos y que dan respuesta a las demandas de la sociedad en los ámbitos de los servicios sociales y el empleo. Además, debemos tener la capacidad de adquirir unos conocimiento técnicos y metodológicos que nos permitan desarrollar evaluaciones de calidad, y lo que es más importante, establecer en cada programa y proyecto cuándo y cómo vamos a desarrollar esas evaluaciones.

Por parte de varias comunidades autónomas se están impulsando en la actualidad distintas iniciativas orientadas a la institucionalización de la evaluación. Por tu amplia experiencia en la materia, ¿piensas que para hacer más y mejores evaluaciones debemos hacer leyes (como la de Navarra, o como la que el Gobierno de Andalucía está impulsando en los últimos meses) y/o crear organismos (como la antigua AEVAL o como la nueva Agencia que está impulsando el Gobierno de Castilla y León); consideras que además debemos trabajar en paralelo desarrollando otras actuaciones (formación en evaluación, cultura de evaluación, etc.)?

 

Para hacer más y mejores evaluaciones lo primero que tenemos que hacer desde las Administraciones Públicas es creernos la oportunidad que significa el proceso evaluativo para la mejora de la eficacia y eficiencia de las políticas públicas. Si creemos que sólo diseñando leyes que induzcan u obliguen a desarrollar evaluaciones vamos a institucionalizar la evaluación estamos equivocados. Lo primero que tenemos que hacer es asumir como propio el proceso de evaluación a la hora de diseñar las políticas públicas. Desde el momento que estemos desarrollando los objetivos de una determinada política pública hemos de tener en cuenta su evaluación. Si no somos capaces de institucionalizarla desde la fase más embrionaria de una política pública, cuando queramos implementar la evaluación de eficacia, eficiencia e impacto de un determinado programa o proyecto aparecerán los problemas metodológicos que todos hemos sufrido y que nos imposibilitan desarrollar evaluaciones de calidad. Conjuntamente a ese proceso de institucionalización de la evaluación tendremos la oportunidad de impulsar esas normas legales que garanticen, acompañen y exijan evaluaciones de calidad.

 

Por otra parte, y en mi opinión, el cierre de AEVAL supuso un gran retroceso en el impulso de la evaluación de políticas públicas en un marco de calidad. Con todas sus limitaciones, la AEVAL consiguió posicionarse como un referente técnico y metodológico a la hora de desarrollar evaluaciones rigurosas de utilidad para orientar las políticas públicas.

 

Junto al debate de la institucionalización encontramos otros espacios para la reflexión y el análisis. Por un lado, sobre la definición de la función que otorgamos a la evaluación. Desde diversos ámbitos se habla de evaluación (y se aplica) como instrumento para el control del gasto público, con una visión esencialmente economicista ligada al Spending Review. ¿Es esta la función principal que debe tener la evaluación?

 

Bajo mi punto de vista el principal objetivo de la evaluación es establecer procesos de  mejora continua. Su objetivo es identificar las fortalezas de las diferentes políticas públicas e indicar aquellas debilidades o aspectos que hay que cambiar o mejorar.

El spending review me parece un instrumento muy útil de evaluación y de análisis de la evolución del gasto, pero no puede ser el único que se utilice a la hora de desarrollar evaluaciones.

Por otro lado, se habla también mucho de la metodología de la evaluación. Precisamente el año pasado el Premio Nobel de Economía vino a reconocer las metodologías experimentales de evaluación. ¿Cuál es tu posición sobre el enfoque metodológico en el campo de la evaluación?

 

En las ciencias sociales no estábamos acostumbrados a experimentar. En otras ciencias es inconcebible el desarrollo y la evolución sin la experimentación. Es hora de que en las ciencias sociales empecemos a crear espacios para la experimentación. En Navarra hemos puesto en marcha de la mano del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra y el Instituto I-Comunnitas de la Universidad Pública  de Navarra el Laboratorio Permanente de Innovación Social. La vocación es desarrollar proyectos de innovación social. Ese Laboratorio tiene que ser un espacio de experimentación de diversos programas y metodologías, en el que tenemos que ser capaces de desarrollar experiencias innovadoras en materia de evaluación. En el laboratorio está permitida la prueba y error, la única obligación  es aplicar herramientas de evaluación basadas en la evidencia y no en el prejuicio.

 

En esta misma línea, se observa un interés por considerar la evaluación sólo en su dimensión técnica y obviar su dimensión política (dimensión política que autoras como Carol Weiss, o en España autores como Osuna o Bustelo, reconocen y subrayan en sus principales obras). ¿Alguien se equivoca en este debate?

 

La evaluación tiene las dos caras y las dos son vitales e inseparables. Políticamente desde el Departamento de Derechos Sociales del Gobierno de Navarra, que es donde está ubicado el Observatorio de la Realidad Social, se ha tomado la decisión política de desarrollar un proceso continuo y estructural de evaluación de las políticas y programas que se desarrollan desde el Departamento. El objetivo es claro: identificar lo que estamos haciendo bien y mejorar los puntos débiles o ineficientes de las políticas que estamos impulsando. No tenemos miedo de asumir que algo que pensábamos que iba a tener un impacto positivo no lo está teniendo o que la eficiencia de un programa no es la esperada. Lo que no queremos es permanecer inmóviles. También buscamos que las evaluaciones nos aporten el conocimiento necesario para orientar las políticas publicas que queremos desarrollar.

Por otra parte, necesitamos evaluaciones de calidad. Es necesario crear un ecosistema de evaluación. Es vital tener buenos profesionales de la evaluación en la administración, consultoras especializadas, así como grupos de investigación y trabajo en las universidades. Una de las mayores debilidades de la evaluación son los procesos evaluativos carentes de rigor metodológico; devalúan el papel de la evaluación y menosprecian la rigurosidad metodológica.

 

Finalmente, junto a estos espacios de análisis, se habla mucho de los usos y utilidades de las evaluaciones, así como de la transparencia y publicación de los informes de evaluación. ¿Qué queremos, qué podemos y/o qué debemos hacer en esta materia?

 

Desde las Administraciones Públicas debemos institucionalizar la evaluación dentro de los procesos de toma de decisiones. Hay que impulsar, apoyar y dotar económicamente a los procesos de evaluación, exigiendo rigurosidad técnica, estableciendo planes de formación para el personal de la administración y asumiendo los resultados de las evaluaciones como un plan de mejora continua.

 

Muchas gracias, Luis, por creer en la evaluación y por todo el impulso que le dais desde el Observatorio.

Muchas gracias a vosotr@s por todo el trabajo que estáis desarrollando para impulsar y visibilizar la necesidad de evaluaciones de calidad.

Entrevista realizada por El Diario de la Evaluación

9 de marzo de 2020

 

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